Cecilia Vidal


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Una casa no es casa por sí misma
necesita consecuencias.
Conversaciones, hormigas en la cocina, manchas,
sonidos de
generación espontánea,
frutas olvidadas sobre la heladera,
la mesa de cedro que nos conoce como una madre.


Una casa sola espera sobria, 
ser abierta, pieles y perfumes
que queden en los sillones y almohadas.


Como un árbol, la casa permanece cuando no estamos,
a las tres de la mañana, cuando volamos
cuando vemos sus fotos
cuando llueve y graniza
Los yuyos crecen, se enfría y se entibia
Se junta polvo en las pantallas de las lámparas
polvo en los espejos.


Se van las visitas, los abrigos, los pasos
Desaparecen sábanas, vocales y gritos
zapatos y cumpleaños.


Queda apenas
un recorte del mundo.
Como una isla, la casa permanece muda
sin daño y sin memoria
¿cómo habla una casa vacía?
¿Dónde está ahora
la casa que nos perdona?



A house is not a house on its own
it needs consequences.
Conversations, ants in the kitchen, stains,
sounds of
spontaneous generation,
forgotten fruits on the refrigerator,
the cedar table that knows us like a mother.

A solitary house awaits sober, 
to be opened, skins and perfumes
that linger in the armchairs and pillows.

Like a tree, the house remains when we don’t, at three in the morning, when we fly
when we see its photos
when it rains and hails
The weeds grow, it cools and warms
Dust gathers on lampshades
dust in the mirrors.

Visitors leave, the coats, the steps
Blankets, vocals and screams
disappear shoes and birthdays

It barely stays
a cut of the world
Like an island, the house remains silent
with no damage and no memory
How does an empty house speak?
Where is it now
the house that forgives us?